DIA DE LA CRUZ
Cuando la primavera se encuentra en su momento álgido, cuando nuestro querido pueblo es un hervidero de pontanos que después de pasada la resaca de nuestra Semana Mayor, nos volvemos a reencontrar como si todo fuese a empezar de nuevo, celebramos nuestro Día de la Cruz, festividad en que rememoramos nuestra sin par Semana Santa, con la única salvedad que representada por nuestros hijos pequeños.Al contemplarlos, como cada padre de sus hijos, me llegan de golpe recuerdos de mi niñez, de esa dulce niñez, de la labor callada de mi madre, preparando para que todas las túnicas, ropajes, zapatillas, se encontráran en perfectas condiciones; el ir acompañado cogido de la mano de mi padre, a vestirme de figura, de sayón, de romano, llevando un paso, en definitiva, siendo uno de los protagonistas de esta festividad.
En esos años era muy diferente a hoy el Día de la Cruz, muchas de las Corporaciones no poseían figuras, desfilaban gran cantidad de pasos representando cruces, las cuales se componían solamente de una pequeña cruz adornada con flores del campo, como margaritas y amapolas pero todas realizadas con la mayor ilusión. Hoy en día tenemos el orgullo en nuestro pueblo, de poseer una viva imagen con toda fidelidad de nuestra Semana Santa, representada en todos sus días y desfiles, con todos sus pasos, Corporaciones y demás entramado que contribuye al esplendor de esta festividad. Es asombroso ver a nuestros hijos, algunos dando sus primeros pasos, como visten de figura, con toda serenidad y rigor, portando sus martirios, ofreciendo sus reverencias, imitando al mas mínimo detalle a sus mayores, como si fuese todo igual pero mas pequeño.
Las Postrimerías del Hombre, desde el año 1977, tienen representadas sus figuras en el Día de la Cruz, siendo este el día en que nuestros hijos son los verdaderos hermanos de la Corporación, asumiendo cada uno de ellos su papel dentro de ésta, asignándose imaginariamente el cargo que pueda ostentar su progenitor, queriendo representar igualmente la misma figura en el desfile, cantar las cuarteleras que ha escuchado susurrar en su casa, etc.
Es el día grande para ellos, pero al mismo tiempo nos hace compartir esa alegría a todos los mayores, viéndonos los padres reflejados en los hijos , y a sus madres radiantes de felicidad, atentas al mínimo detalle, viendo a sus retoños ser protagonistas de este día, aportando su granito de arena al esplendor del mismo, pero, contribuyendo de mayor forma, como todas las Corporaciones, a mantener un semillero de hombres y mujeres que continuen y nos perpetuen en nuestra Semana Santa.
Si conseguimos esto, nuestra labor habrá fructificado.Cuando en estos días acompaño a mis hijos, y veo en sus caras una sonrisa de felicidad, de satisfacción, orgullosos, pienso en mi interior que el legado que me inculcaron mis mayores lo he sabido trasmitir a mis hijos.
Luis Fernando Reina Carmona.





