
En la década de 1950 se funda el primer grupo del Calvario, llamándose este “Los Caleristas”, en alusión a que la mayoría de los hermanos eran familia o trabajadores de los Muñoz Amaro, los cuales explotaban una calera que habia situada en la Cuesta del Molino en la esquina de enfrente donde hoy se encuentra la Clínica Parejo y Cañero, donde llegada la Cuaresma se habilitaba unas estancias para el cuartel. Estos eran un grupo muy conocido y popular, muy conocido tambien el “grito de guerra” que tenian (Viva los que escupe y hierve), en alusión al efecto que se produce al entrar en contacto algo húmedo con la cal viva. Durante esta década las figuras de Las Postrimerías del Hombre pertenecían a la Cofradía del Cristo del Calvario, vistiéndolas solamente algunos hermanos de esta.Tanto las figuras como los enseres de la Cofradía se guardaban durante el año en una casa situada en la calle San Sebastián, a la altura del número 25, la cual estaba situada un poco antes de la entrada a La Barca.En Febrero de 1963, cuando una vez que la terrible riada empezó a decrecer, varios hermanos de este grupo fueron a interesarse por el estado en que podian haber quedado la casa donde reposaban los enseres, encontrándose mi padre, Manuel Pérez, Francisco Pérez Muñoz, Manuel Serrano Santos (conocido por Boliche) con su hijo, Joaquín Serrano Chicón, todos pertenecientes a Los Caleristas, con Federico Muñoz Siles (conocido como Federico el de las Vegas) y Paco Mancebo, ambos de la Cofradía del Calvario, exponiendo estos últimos que no sabian el alcance de este desastre y si se habia salvado algo de los enseres, no aventurándose ellos a entrar en la casa ante el temor a un posible derrumbe. Yo, junto con Joaquín Serrano y con el permiso e nuestros padres, nos aventuramos a entrar en la casa, estando esta medio inundada, cubriéndonos el agua mas arriba de la cintura. Muchas de las ropas se encontraban flotando en el agua, y por la información que nos facilitó Federico de donde se encontraba el baúl donde estaban rostrillos, martirios, etc, fuimos tanteando hasta que logramos localizarlo. Recuperamos todo lo que pudimos, pero lo que no se encontró fue la llama del infierno y la serpiente.

Una vez recuperadas en gran parte La Postrimerías, surgió el problema del poco tiempo que quedaba para Semana Santa, y el lamentable aspecto en que habian quedado las figuras, todos los ropajes cubiertos por el lodo y los rostrillos con mucha humedad. No nos desanimó esto, comenzando a confeccionar nuevos ropajes, restaurar rostrillos y martirios, lo cual efectuó Molinero, pudiendo llegar a Semana Santa con todo preparado para por primera vez vestir nosotros Las Postrimerías. La Cofradía del Calvario, ante este hecho, decidió donárselas a nuestro grupo. Siguieron unos alos de esplendor en esta Corporación, hasta primero de los años ´70, cuando ante la adversidad en el trabajo en estas fechas, muchos de los hermanos empezaron a emigrar quedando en esta Corporación solo mi padre, Manuel Pérez, el cual llegada Semana Santa vestía las figuras junto a mí, que ya residía en Huelva, y algunos familiares y amigos que nos reuniamos en esos días. En el año (creo recordar que 1974), por imperativos del trabajo no pude asistir ese año en Semana Santa, quedándose sin desfilar las figuras, lo quqe me causó un gran vacio, haciéndome recapacitar de que esto no podía volver a suceder, lo que ne llevó, con todo el dolor de mi corazón, a aceptar que este ciclo había terminado, proponiéndole a mi padre, que las donara a alguna Corporación en la que tuviera confianza, para que estas no quedaran nunca mas sin desfilar, y perpetuasen en el tiempo.

Al poco tiempo, me comunica mi padre, que conoce a unas personas de toda confianza, los cuales tienen un grupo de capiruchos con gran solera y que buscaban poder engrandecer su contribución a la Semana Santa, representando unas figuras, lo que le ha llevado a donárselas. Este grupo era EL ANCLA, el cual las acogió con toda ilusión y cariño y según puedo verificar con el paso de los años, ha llegado a engrandecerlas, ocupando estas el sitio que les corresponde por su antigüedad dentro de nuestra singular Semana Santa.

LAS POSTRIMERÍAS EN EL CALVARIO. En el año 1951, Manuel Cabezas, Ignacio (no recuerdo el Apellido), y yo, Juan Molina, tres amigos que trabajaban juntos en la fábrica de harinas de La Alianza, ante nuestras inquietudes de muchachos por conocer y participar en nuestra querida Semana Santa se nos presenta la ocasión de, al tener amistades comunes dentro de la Cofradía, como Manuel Barcos o Manuel Siles, poder entrara a formar parte activa de este puzzle d colorido que es nuestra Semana Mayor, dentro de la Cofradía del Cristo del Calvario. Son años difíciles, teniendo mayor esplendor las Cofradías mas añejas de Puente Genil, siendo algunas al igual que esta, mas humilde en todos los aspectos. En esos años no se dispone de cuartel propio ni alquilado, estando este ubicado en casa de Federico Muñoz (el de Las Vegas), en la Calle Sol. En estos tiempos estaba muy unido a la Cofradía D.Manuel Reina Noguer, y su hijo D.Manuel Reina Porras, el cual podriamos decir que era el mecenas de esta; todos los años en Semana Santa regalaba a la Cofradía, como era tradición en esos años, dos borregos y una arroba de aceite de su molino, el cual estaba situado al final de la Calle Ancha, para la comida con la que se obsequiaba a los bastoneros. En el desfile procesional de la Cofradía del Cristo del Calvario el Viernes Santo por la noche, al llegar a la altura de la casa de D.Manuel Reina Noguer, situada en la Calle Don Gonzalo, deteníamos el paso, lanzando entusiastas vivas a la Cofradía y entonando variados cánticos, a lo cual este entregaba un donativo en metálico con el cual se pagaba a los bastoneros.

Nos encontrábamos un día de Junta, discurriendo la forma de recabar fondos para el arreglo del paso, el cual se encontraba en un lamentable estado, y despues de mucho dialogar sobre las propuestas habidas, se acordó la rifa de un dormitorio completo de matrimonio, el cual se apalabró con la carpintería de García Navas, y que fue valorado en 14.000 pesetas, una suma muy importante en aquellos años. El sorteo tuvo muy buena aceptación debido a la importancia del premio, agraciándonos la suerte de que en las pocas papeletas que no se vendieron y que jugó la Cofradía, fue el número agraciado. Con el dinero ingresado por la venta de papeletas junto con el valor del premio, ya que Garcia Navas acedió a quedarse con el dormitorio, pudimos acometer la restauración del paso de nuestros titulares. Una vez acometida esta empresa, y al haber un remanente de este sorteo, se nos presenta la oportunidad de comprar una Corporación de figuras bíblicas con las cuales engrandecer nuestra Cofradía, estas por su simbolismo y lo que representan, son de lo mas acorde que podiamos pedir para nuestra Cofradía; estas figuras eran Las Postrimerías del Hombre.

No recuerdo a quién la compramos, seguramente a alguna Corporación que hubiera desparecido, pero lo único de valor que adquirimos fue el título de la Corporación, así como un rostrillo, el de la Muerte, los martirios y las ropas que se encontraban en lamentable aspecto. Tambien se organizó un sorteo de una radio, con el dinero obtenido de este se compró en la tienda conocida por los Berrales, tela para la confección de 21 túnicas de capirucho, siendo estrenadas en 1952, con Ernesto Herrerías de Hermano Mayor. Ante la proximidad de la Semana Santa, faltando 4 o 5 meses, emprendimos la gran empresa de hacer de nuevo todas las figuras, ropas, rostrillos y martirios para poder representarlas en su desfile de Semana Santa. Con toda la ilusión de nuestros corazones, comenzamos este trabajo, confeccionándonos las ropas el sastre Siles, el cual tenia su taller en la Cuesta Baena, los rostrillos los hizo Manuel Rivas, conocido por “El Cómico”, gran artista en toda faceta que tocaba, y las zapatillas las realizó un zapatero que tenia su taller en la castiza Calle Santa Catalina, siendo de apellido Delgado, y conocido como “Serote”. Las zapatillas tuvieron un coste de 240 ptas. los cuatro pares, los cuales ante la falta de fondos, las regalé yo para que las figuras pudieran desfilar completamente uniformadas.

Llegada la Semana Santa de 1952,despues de un arduo trabajo expusimos las figuras como era tradición en esta Corporación, en una casa que nos cedieron en la Calle Madre de Dios nº 9, esquina con Cuesta Romero. La exposición de las figuras como era habitual en esta Corporación, causó una grata impresión, siendo esta muy visitada por su ubicación, calle muy transitada en esos días, al igua que por el simbolismo y expresividad de las figuras. Con toda la ilusión por vestir por primera vez las figuras de Las Postrimerías de Hombre, llega el Viernes Santo y la suerte nos sonrió a los siguientes hermanos: MUERTE: Eugenio Garcia Gallardo (“Candiles”), JUICIO: Juan Molina, INFIERNO: Manuel Marín, GLORIA: Manuel Cabezas. Desde el principio de vestir estas figuras, Eugenio Garcia, conocido por “Candiles”, sintió una predilección por vestir la figura MUERTE, la cual siempre representaba con gran majestuosidad, conociéndose el dicho de: La Muerte “Encandilá”. Debido al ser este una persona de un poco mas envergadura que los demás hermanos, desde entonces se sembró la tradición de vestir la Muerte los hermanos mas altos.
JUAN MOLINA.